Voy a volver a las calles. Porque en ningún otro sitio los árboles son seres que desean evidentemente, extendidos hacia la luz y el agua del mismo modo en que ansiamos nosotros, ansiando como nosotros nos extendemos. Voy a volver a ese lugar desde el que es fácil inventar cualquier verdadera diferencia entre metonimia y metáfora —pero esto en realidad siempre es fácil para un capricornio—, donde vale el primer genio maligno —o ascendente recién sacado de la manga— que te venga a la mente. Y además vale sin mayor problema. Porque tampoco es cuestión —nunca lo fue— de poner cosas de por medio. Se dan los pasos hacia delante y de frente. De vez en cuando uno se para y mira algo que se mece. Comprende entonces que quien ha aprendido a escuchar a los árboles ya nunca más quiere ser un árbol. Pero la razón —y esto Hesse se lo calló, creo— es que quien aprende a escuchar a otro es ya ese otro.
domingo, 5 de septiembre de 2010
domingo, 22 de agosto de 2010
¿Por qué? Sí, ¿por qué?
Las chicas no se nos echaron encima, ni siquiera me fijé en ellas, pero sé que se lo pasaban bien, pues las oí reír cuando hablaban con doña Mª Jesús y ella dijo:
—Son idiotas.
Sólo eso bastó para que todos se burlasen a carcajadas de los chulos, los importantes, en dos palabras: los malos.
Éramos los chicos de la película, Carlos y yo, éramos nosotros, después de aplastar, patear, saltar, correr y pegar rodillazos aún me quedé con ganas, como Sylvester Stallone o Arnold Schwarzenegger en casi todos sus filmes de acción.
No tuvimos ese día otro enfrentamiento. Se acabaron al pensar que Carlos les podía reventar el cráneo a cada uno de ellos casi sin esfuerzo y en un abrir y cerrar de ojos y que si alguno se le escapaba… yo era bueno y ágil golpeando.
domingo, 15 de agosto de 2010
Un emo en la Vall d’Uixó
domingo, 1 de agosto de 2010
Veo veo Valencia
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En casita.
Chicharras. The Ministry of Silly Walks. Librería de mujeres. Juanita la lagrimosa. Un ventilador pequeño. Librería de idiomas Babel. Una taza de Bob Esponja. Coca-cola. Insomnio. Mercè Rodoreda. Jesús durmiendo. Dobra en su habitación. Vanessa durmiendo con Isa. Un mantel de Bob Esponja. Un calcetín gris con rayas negras en el suelo. Una guitarra. Dos sofás rojos. Las palomas conversando. Dos televisores apagados. Varios vasos de cristal. Tabaco de liar. Una bolsa grande y cuadrada de Scooby-Doo. El Apartamento. Mi cinturón en el suelo junto a la cartera y un paquete de pañuelos de papel. Chicharras. Un rumor que debe de venir de un carrito de esos que limpia las calles. Perros ladrando. Niños jugando y algunos padres. Chicharras. Una diana. Un calendario de Charlie Brown. León el terrible. Las doce menos cuarto. Yo voy vestido de negro. La funda de la guitarra. Oye, ven aquí, ven aquí. Botellita de agua casi vacía. Las chicharras. Un flexo. Perros ladrando. Jesús durmiendo. Cables. Enchufes. Galletas.
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En la playa.
Justo cuando todos los hechos se estaban dando a mi alrededor, pero lejos, y yo estaba sumergido en una posibilidad infinita y por eso borrosa, me he preguntado de nuevo por el sentido. ¿Cuál es la forma más coherente de vivir en un mundo que se sabe sin sentido? Como si no fuera exactamente la misma pregunta absurda de siempre planteada de otro modo; hacérsela una y otra vez como si fuéramos tontos.
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En el río.
Moscas. Barandilla. Bandera. Estrellas dentro de la bandera. Cielo. Diente. Matrícula. Radio de rueda de noria. Dragón. Zapatilla. Banco. Moscas. Botella de agua. Gulliver. Persona nadando sobre el césped —porque un río siempre es un río—. Magdalenas. Bicicletas. Calor. Moscas. Mírame. Veo veo.
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En casita.
The meaning which make us catch the train frente a cierta persona que apenas habla y que es preciosa no sólo mientras sube y baja en el aire, pero especialmente entonces. Varias ediciones confluentes de La guerra de las salamandras. Lectura y debate de Pierre Menard, autor del Quijote. The meaning wich make us pass the examination frente a una chica sin voz propia para conversar con las dificultades. Y, por supuesto, el miedo a hacer daño —como una chicharra— y el deseo —también como una chicharra, pero en este caso ambigua—. Las palabras de Woolf fueron para Isa y para mí.