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miércoles, 25 de marzo de 2015

Características de los textos de ficción revolucionarios

Desde hace unos años me cuesta escribir ficción si siento que lo que escribo no contribuye a cambiar el mundo, y es por eso que me pregunto constantemente cómo puedo contribuir yo a cambiar el mundo escribiendo ficción. Está claro para mí que un texto ficcional verdaderamente revolucionario debe incidir en el sujeto oprimido de manera que le incite a alcanzar su emancipación. Pero ¿cómo se consigue esto? En el siguiente post intentaré responder a esta pregunta lo mejor posible.

La intención aquí es la de enumerar una serie de características que me parecen fundamentales a este respecto. En la medida en la que un texto cumpla alguna de ellas tendrá al menos un grado de subversión, mientras que si las cumple todas será, sin duda, un texto impecable, al menos a nivel revolucionario.

La separación que hago entre unas características y otras en la mayoría de los casos no es real, pero la he forzado aquí para explicarme mejor. También he resumido lo máximo posible para que todo quepa en un solo post.

1. Contenido

Este es el único punto que normalmente es usado para determinar si un texto es o no revolucionario. No voy a negar su importancia, porque la tiene, pero es importante también aclarar que no es el único.

Para determinar qué contenido puede ser subversivo en una obra de ficción no es necesario preguntarse si debe incluir personajes de clases bajas, contar historias que critiquen el sistema hegemónico, buscar simplemente la verdad…

Yo creo que es más sencillo que todo esto. Pienso que una ficción que pretenda ser revolucionaria debe simplemente reflejar un mundo en el que los oprimidos sean capaces de emanciparse, debe inyectar en el imaginario colectivo la posibilidad del alzamiento. Y existen muchas formas de hacerlo y muchos ejemplos que van desde el mainstream (Braveheart) al underground (El Eternauta).

Todo texto ficcional conlleva un modelo de mundo, incluso la publicidad, así que los escritores tienen una responsabilidad política de preguntarse si su producción tiene como referente un universo en el que el sistema dominante se presenta como único e imbatible, o todo lo contrario.

miércoles, 25 de junio de 2014

El origen de la expresión «go canny!»


Fragmento de «Sabotage», de Emile Pouget, 1898.

Los británicos aprendieron lecciones de sabotaje de los escoceses, e incluso tomaron de ellos el nombre de bautismo del sistema: go canny!

Recientemente la Unión Internacional de Estibadores, que tiene sus oficinas en Londres, envió un manifiesto llamando al sabotaje, por lo que los estibadores empezaron a hacerlo, ya que hasta ahora ha sido principalmente en las minas y en las fábricas textiles donde los trabajadores británicos lo han llevado a cabo.

Aquí está el manifiesto en cuestión:

¿Qué significa «go canny»?

Es una expresión corta y útil para designar una nueva táctica empleada por los trabajadores en vez de ir a la huelga.

Si dos escoceses están caminando juntos y uno va demasiado rápido, el otro le dice: «go canny», que significa, «ve más despacio».

Si alguien quiere comprar un sombrero que vale cinco francos, tiene que pagar cinco francos. Pero si solo quiere pagar cuatro, entonces tendrá uno de menor calidad. Un sombrero es una forma de «mercancía».

Si alguien quiere comprar seis camisas a dos francos cada una, tiene que pagar doce francos. Si solo paga diez, obtendrá solo cinco camisas. Una camisa es una forma de «mercancía vendida en el mercado».

Si un ama de casa quiere comprar un pedazo de carne que vale tres francos, tiene que pagar por ello. Y si solo ofrece dos francos, entonces se le dará carne en mal estado. La carne de vaca también es una «mercancía vendida en el mercado».

Bueno, los jefes declaran que el trabajo y la habilidad son «mercancías para la venta en el mercado», como sombreros, camisas, zapatos y carne.

Perfecto, contestamos. Os tomamos la palabra.

Si es «mercancía» vamos a venderla como el fabricante de sombreros sus sombreros y el carnicero su carne. Ellos dan mala mercancía por precios malos y nosotros haremos lo mismo.

Los jefes no tienen derecho a contar con nuestra caridad. Si se niegan a discutir nuestras demandas, bien, nosotros pondremos en práctica el «go canny», la ralentización, a la espera de que nos escuchen.

Así que aquí vemos una hermosa definición de sabotaje: por mal pago, mal trabajo.

Fuente: Almanach du Père Peinard, 1898.
Traducido al inglés por Mitchell Abidor para marxists.org
CopyLeft: Creative Commons (Atribución y compartir igual) marxists.org 2006
Traducido al español por Curro Esbrí.


lunes, 12 de mayo de 2014

Estimúlate la próstata


Hace unos días estaba muy cachondo, realmente cachondo, solo en casa y manos a la obra, es decir, estaba masturbándome. En la cabeza me daban vueltas las palabras de Diana J. Torres: «cualquier persona que tenga una próstata dentro del culo puede tener un orgasmo maravilloso con ella». Y la idea de explorarme me ponía todavía más cachondo. Miré de reojo el Pornoterrorismo, que ahora tengo en la mesita de noche porque una buena amiga me lo ha dejado y que sería lectura obligatoria en los institutos si viviésemos en un mundo sexualmente sano. La decisión, pues, estaba tomada.

Pero uno no puede meterse algo por el culo así, sin más, de modo que necesitaba ayuda. Pensé en qué había dentro de mi habitación que me pudiese servir. No quería salir al pasillo, que llegasen por sorpresa mis compañeras de piso y me pillasen yendo de un lado a otro empalmado; y, la verdad, tampoco se me ocurría nada que pudiese serme útil en toda la casa. De repente, me acordé de algo que me hizo levantarme y abrir el armario. Escarbé en los cajones, abrí cajas, desparramé los apuntes de la carrera y el abrigo sobre la cama… y al final encontré lo que buscaba: una bolsa del Mercadona con un tarro grande de vaselina. Compré aquello hace bastantes años. Acababa de leer el Manifiesto contrasexual de Paul B. Preciado, no quise ir a un sex shop para comprar lubricante y estaba claramente enfocado al ano. Recuerdo que me masturbé con un dedo metido. No fue nada espectacular. Supongo que por eso no repetí.

Lo del otro día fue distinto porque esta vez estaba claramente enfocado a la próstata. Y esa vaselina me venía de maravilla. Recuerdo que, fugazmente, me pregunté si esas cosas caducaban, pero estaba demasiado cachondo como para pensar racionalmente. De hecho, mi prioridad en la vida en ese momento era correrme. Todo lo demás había pasado a formar parte de un conjunto confuso llamado «ya lo pensaré luego».

Me metí el dedo sin problemas y por fin seguí masturbándome. Pero todo cambió al tocar, casi por casualidad —ni siquiera me había informado mínimamente de su ubicación—, cierto «bultito». Tuve que cambiar de postura para llegar mejor con el dedo corazón y comprobé que si me sentaba sobre mi mano, apenas tenía que hacer fuerza. Me corrí enseguida, y no fue una corrida normal.

La distancia que hay entre añadir la estimulación de la próstata a la masturbación y no hacerlo es abismal, nunca mejor dicho, porque se trata de dos niveles distintos: el superficial y el profundo. Lo que un hombre espera cuando se le dice que el placer será mayor es solo un placer más evidente, más explosivo… pero en este caso es todo lo contrario. De hecho, la primera sensación que tienes es de que no está pasando nada, de que nada se ha añadido a lo que ya había, pero luego, de algún modo, sigues y sigues hasta darte cuenta, incluso puede que cuando ya hayas terminado, de que el placer ha sido mucho más intenso, aunque también mucho más disimulado. Esto es extraño, ya digo, para cualquier hombre. Es para mí difícil de explicar bien, pero lo intentaré. Para ello tendré que contarte primero un asunto personal que solo he superado —y solo en parte— llegando a la treintena. Y sí, es un asunto sexual.

domingo, 30 de junio de 2013

Manifiesto Thumbs up, boys!


Atención, chicos, tenemos una buena noticia para vosotros.

Estad atentos porque Madrid va a ser el escenario de un nuevo movimiento underground que esperamos pronto será imitado en todo el mundo. Aunque nace dentro de un marco alternativo, nuestra intención no es permanecer en los suburbios de la cultura, sino introducirnos en lo más íntimo de toda aquella gente que podríamos llamar «normal». Y es a través de ella como llegaremos a otros lugares, tan cercanos y tan lejanos al mismo tiempo.
 

Queremos penetrar en todos aquellos que creen que solo hay una forma de placer, que solo hay un tipo de sexualidad. Y desde dentro, tocar la verdad con los dedos, porque en el fondo saben que se equivocan, pero no quieren verlo.

Y sí, chicos, lo habéis adivinado. Esta gente «normal» sois vosotros. Y aunque nos dé asquete, queremos haceros despertar de una vez por todas. Sabemos cómo, estamos preparadxs y vamos a por vosotros. Os encontraremos en cualquier parte, pero sobre todo en los lugares más insospechados. Esperadnos. No nos temáis.


Lo que demuestra que hemos empezado es que muchos ya estáis leyendo esto porque la curiosidad os ha hecho llegar aquí desde una inconfesable experiencia, buscando una respuesta. Si ese es tu caso, sigue con las preguntas. No te quedes aquí. Más allá de ellas está la liberación y el placer, no lo olvides. Ya has despertado. Que no te venza otra vez el sueño.


Otros habréis llegado por casualidad. Si ese es tu caso, tranquilo, relaja el esfínter, porque podrías ser tú el próximo.


No os lo toméis a mal, que en el fondo lo hacemos por vuestro bien, y lo sabéis. Os traemos una broma, un juego para llenar de placer vuestras vidas anodinas.


¿Por qué sabemos que no sentís suficiente placer? Porque se os nota en la cara. La amargura se os ve a la legua. Si queréis acabar con ella, ya sabéis: dejaos hacer y recordad: thumbs up, boys!

Fdo. colectivo Thumbs up, boys!

viernes, 29 de marzo de 2013

La camiseta, de Ovidi Montllor


En Valencia, en el País Valencià, para segar el trigo… una hoz, etc.; usan una herramienta que se llama «corbella». Hasta aquí la explicación. Ahora hablemos de la canción. Una de las primeras canciones que hice y una de las últimas que he cantado.

La camiseta

Yo soy hijo de familia muy humilde.
Tan humilde que de una cortina vieja
una camiseta me hicieron: roja.
Desde entonces, por esta camiseta
no he podido caminar ya por la derecha.
He tenido que ir contra corriente
porque yo no sé qué pasa
que todo el que viene de cara
lleva la cabeza contra el suelo.
Desde entonces, por esta camiseta
no he podido salir a la calle,
ni trabajar mi oficio:
hacer de herrero.
He tenido que, en el campo, ganar jornales.
Así la gente ya no me veía…
Yo trabajaba con la corbella.
Y dentro de todos los males,
sé trabajar con dos cosas:
con el martillo y la corbella.
Casi no comprendo por qué la gente,
cuando me veía por la calle
me gritaba: ¡progresista!
Yo creo que todo eso era
promovido por su «despiste» (en castellano en original).
Quizá otro en mis circunstancias
ya hubiera cambiado de camiseta,
pero yo, que me encuentro muy bien con ella,
porque abriga le tengo cariño
y le pido que no se me haga vieja.

sábado, 5 de enero de 2013

Borderlands / La Frontera

El libro

Aunque parezca imposible, mediante una operación matemática incorrecta y casi por obra de magia, los opuestos se mezclan para engendrar una sola cosa, distinta, contradictoria, pero real. Esta es la conclusión a la que tuvo que llegar Gloria Anzaldúa para aceptarse a sí misma: mestiza, feminista y lesbiana. El relato de este feliz encuentro está en Borderlands / La Frontera, un libro que es, al mismo tiempo, autobiografía, ensayo y poesía, y que está escrito en spanglish, una mezcla de inglés y español.
La frontera

Anzaldúa nació en un espacio que ya implicaba una ruptura y una mezcla a la vez. La línea que separa USA de México en el mapa es en realidad una herida abierta, una frontera político-geográfica que limita dos mundos tan cercanos como antagónicos; pero también es un lugar con entidad propia, y que se extiende por un vasto territorio difuso:

«The convergence has created a shock culture, a border culture, a third country, a closed country» (33).

Un país no oficial en el que, si tienes la mala suerte de nacer, estás obligado a llevar contigo su estigma por siempre, estés del lado que estés. Sus habitantes son los atravesados, los chicanos, los otros.

Pese a este marco de contradicción necesaria, o quizá por él, la cultura chicana carga con un complejo de impureza que le lleva a menospreciarse a sí misma, y que se refuerza con una sensación de inferioridad frente a la estadounidense y de traición respecto a la de origen. Un buen ejemplo de esto son las tres madres que, según Anzaldúa, tiene la gente chicana:

Las tres madres chicanas

Nuestra Señora de Guadalupe, la madre virgen que nunca abandonó a los suyos.

La Chingada (Malinche), la madre violada que abandona a sus hijos.

La Llorona, la madre que busca eternamente a sus hijos perdidos.

Según Anzaldúa estas tres madres han sido subvertidas para hacer prevalecer la dicotomía virgen/puta y reforzar así la opresión institucional, convirtiendo a Nuestra Señora de Guadalupe en un ejemplo de constancia y docilidad, a La Chingada (Malinche) en la madre traidora que abraza al colonizador y hace al mestizo avergonzarse de sus orígenes indios y a La Llorona en una mezcla de las otras dos haciendo a los chicanos arrastrar su sufrimiento por los siglos de los siglos.

La lengua

Este menosprecio hacia lo propio que vive el chicano es fruto al mismo tiempo de la violencia que ejerce contra él la cultura dominante —la de los «anglos»— y la sensación que tienen de haber traicionado sus orígenes. Esta doble presión deja al chicano sin voz, y no solo por ser su cultura considerada inferior intelectual y moralmente, sino también por el hecho de no poseer una lengua propia o, mejor, apropiada. El spanglish, o tex-mex, es considerado un idioma impuro —como si hubiese alguno que no lo fuera— y, por tanto, rechazado e incluso tachado de incorrecto. Anzaldúa narra cómo estuvo evitando usar su propia lengua para que su discurso pudiera ser legítimo hasta que leyó por primera vez poesía escrita en spanglish:

«When I saw poetry written in Tex-Mex for the first time, a feeling of pure joy flashed through me. I felt like we really existed as a people» (82).

El enemigo

Pero la exclusión tiene grados y todavía se puede descender más en ella, pues incluso dentro de la cultura marginada existe el castigo al desviado:

«The Chicano, mexicano, and some Indian cultures have no tolerance for deviance» (40).

Las identidades queer son atacadas como por un acto reflejo por las sociedades heterosexuales movidas por el propio miedo de sus individuos a ser diferente —léase inferior—. Esto llega hasta tal punto que —como explican Norma Élia Cantú y Aída Hurtado en la introducción a la cuarta edición de Borderlands / La Frontera— las chicanas, al igual que otras mujeres de color, han sido obligadas a elegir entre luchar por la causa feminista o por la de sus comunidades étnicas y raciales (9).

De manera que Anzaldúa, para reconocer al enemigo, tiene que establecer una distancia doble incluso con su propia gente: primero por ser feminista y luego por ser lesbiana. El enemigo es la opresión, todas las opresiones que provienen de la «absolute despot duality»:

«Half and halfs are not suffering from a confusion of sexual identity, or even from a confusion of gender. What we are suffering from is an absolute despot duality that says we are able to be only one or the other» (41).

Pero este enemigo no solo habita entre los chicanos, sino que también está fuertemente instalado en la cultura de los «anglos»:

«In trying to become “objective”, Western culture made “objects” of things and people when it distanced itself from them, thereby losing “touch” with them. This dichotomy is the root of all violence» (59).

Anzaldúa sabe que para derrotar al enemigo primero hay que identificarle, nombrarle correctamente. Pero también sabe que con eso no basta.

Escribir es luchar

Hay que tener mucho cuidado, porque la lucha contra esta opresión no debe ser una mera respuesta, una defensa, ya que lo que Anzaldúa quiere es destruir o, mejor, diluir al enemigo, y no mejorar las condiciones en las que viven ella misma y los de su misma condición. Por eso es fundamental actuar y no reaccionar:

«All reaction is limited by, and dependent on, what it is reacting against (…). The possibilities are numerous once we decide to act and not react» (100-101).

Y la forma que ella encontró para actuar, es decir, la escritura, es una actitud creativa, es una forma de combatir tanto dentro de uno mismo como fuera. El mero hecho de que Anzaldúa escriba en su propia lengua, el spanglish, hace que la presencia de los chicanos tenga más fuerza, pero, al mismo tiempo, en el proceso de escritura es inevitable que las ambivalencias vayan desapareciendo para dejar paso a una sola cosa contradictoria, aunque consistente:

«Living in a state of psychic unrest, in a Borderland, is what makes poets write and artists create (…). Then out it comes. No more discomfort, no more ambivalence (…). To write, to be a writer, I have to trust and believe in myself as a speaker, as a voice for the images. I have to believe that I can communicate with images and words and that I can do it well. A lack of belief in my creative self is a lack of belief in my total self and vice versa—I cannot separate my writing from any part of my life. It is all one» (95).

Gloria Anzaldúa. Foto de K.Kendall

La nueva mestiza

En realidad, Borderlands / La Frontera es una propuesta de Anzaldúa para acabar de una vez por todas con la maldita dualidad despótica que nos gobierna. Por eso la protagonista de este libro es the new mestiza, una nueva conciencia, un nuevo sujeto fruto de la indecibilidad, de la transición perpetua entre una, dos o múltiples culturas que se cruzan. Consciente de que la rigidez significa muerte, la nueva mestiza encarna la tolerancia a las contradicciones, a las ambigüedades. No es un equilibrio entre dos fuerzas, sino una síntesis de dos o más.

«As a mestiza I have no country, my homeland cast me out; yet all countries are mine because I am every woman's sister or potential lover. (As a lesbian I have no race, my own people disclaim me; but I am all races because there is the queer of me in all races.) I am cultureless because, as a feminist, I challenge the collective cultural/religious male-delivered beliefs of Indo-Hispanic and Anglos; yet I am cultured because I am participating in the creation of yet another culture, a new story to explain the world and our participation in it, a new value system with images and symbols that connect us to each other and to the planet. Soy un amasamiento, I am an act of kneading, of uniting and joining that not only has produced both a creature of darkness and a creature of light, but also a creature that questions the definitions of light and dark and gives them new meanings» (102-103).

Este hallazgo fue muy importante para la vida personal de Anzaldúa, y puede ayudar a mucha gente que se encuentre en su misma situación, pero lo cierto es que va mucho más allá, pues es la Humanidad entera quien ahora mismo se halla inmersa en este choque de culturas.

«En unas pocas centurias, the future will belong to the mestiza (…). The answer to the problem between the white race and the colored, between the males and females, lies in healing the split that originates in the very fundation of our lives, our culture, our languages, our thoughts. A massive uprooting of dualistic thinking in the individual and collective consciousness is the beginning of a long struggle, but one that could, in our best hopes, bring us to the end or rape, of violence, of war» (102).

El concepto de nueva mestiza es más complejo de lo que yo puedo mostrar aquí, y lo que es mejor, la forma de escribir de Anzaldúa, con vocación lírica, hace que su texto sea mucho más sugerente. La capacidad de esta escritora de comunicar fácilmente muchas de las teorías más farragosas de ciertos filósofos franceses es maravillosa. De hecho, su posición marginal, y que intente encontrar una voz propia desde ella, hace que esta sea más legítima que la de ellos cuando hablan del oprimido o del «otro». Además, que el despliegue de su teoría coincida con una experiencia personal, con un viaje interior hacia sí misma, hace que la nueva mestiza tenga una verosimilitud rara en este tipo de propuestas teóricas antisistema.

Y yo no puedo hacer más que reseñar lo mejor posible este libro, porque también creo que generar discurso no es ninguna tontería, que hay que crear más que reaccionar y que alcanzar un futuro deseable pasa necesariamente por una larga lucha contra el pensamiento organizado en oposiciones binarias jerárquicas que, por desgracia, ha sido nuestra única forma de pensar el mundo hasta ahora.

Gloria Anzaldúa, Borderlands / La Frontera: The New Mestiza, San Francisco, Aunt Lute Books, 2012.
  
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Nota:
La edición que yo he manejado es la cuarta, que conmemora el vigésimo quinto aniversario de la primera. Ignoro si contiene mucho más material que las anteriores, pero esta está bastante completita. En las citas indico la página en donde se pueden encontrar. Que yo sepa no existe ninguna edición traducida al castellano —difícil traducir este texto, por otra parte—, pero la versión original puede encontrarse fácilmente en España a través de cualquier librero que tenga cierto interés en servir a sus clientes. Por suerte esta buena gente existe. Un ejemplo de ello es Traficantes de sueños, que incluso tienen el libro en su página web:


domingo, 16 de diciembre de 2012

Los anuncios no son inocentes

Hay quien piensa que la publicidad en general es inocente, que lo único que busca es hacerse eco y vender sus productos. Si obviamos el hecho de que un discurso cuya finalidad es disuadir nunca puede ser inocente, todavía queda hablar del mensaje ideológico, que es mucho más difícil de ver.

Lo cierto es que, esté en la intención de los publicistas o no, el discurso que genera su trabajo conlleva necesariamente una «visión del mundo», es decir, una interpretación de nuestro alrededor. Y no queda otra, porque para crear una ficción, por pequeña que sea, es necesario crearle un marco, un lugar en el que desarrollarse. Y toda visión del mundo incluye inevitablemente una perspectiva ética y política, es inseparable de una ideología concreta.

Cualquier obra de ficción, sea una novela o un anuncio, es responsable del mundo que representa, del mundo tácito, si queréis, que la envuelve. Y a mí esto no me parece inocente porque quien percibe la ficción puede adoptar completamente o en parte esta «visión del mundo» de la que estábamos hablando.

Para hacerme entender mejor cito un párrafo de Crítica y sabotaje, que es el libro que me ha inspirado esta entrada:

«Por “acción modelizadora” hay que entender la acción consistente en determinar sujetos (cuerpos, gestos, acciones, discursos, subjetividades) que se presentan, perciben y conciben el mundo y a sí mismos según modelos previamente codificados, esto es, ideológicos, cuya finalidad es la práctica de una política normativa y obligatoria, y cuya estrategia consiste en presentarse como “naturales”».
Manuel Asensi Pérez, Crítica y sabotaje, Barcelona, Anthropos, 2011, p.15.

Como explicaba más arriba, cualquier discurso cumple esta función modelizadora porque, en menor o mayor grado, contiene una ideología, una «opción de realidad», cualquier discurso conlleva su particular opinión sobre lo que es «normal». Y me atrevo a decir que en la «visión del mundo» que se sobreentiende en ciertos anuncios estriba el peligro que ellos tienen, pues nosotros pensamos el mundo a través de las interpretaciones que vamos encontrando de él a lo largo de nuestra vida: lo que nos dicen nuestros padres, lo que nos dicen nuestros profesores, los libros que leemos, la televisión que vemos y hasta lo que encontramos en nuestro muro de Facebook o el TL de Twitter. Es por eso que los anuncios no son inocentes. En realidad, ningún discurso lo es.

No considero necesario aquí, por obvio, profundizar en el hecho de que es muy difícil que un anuncio contenga un mensaje político a tu favor si no tienes una empresa que factura millones de euros. Teniendo esto claro, ¿cómo reaccionar? ¿Qué actitud tener ante el bombardeo de anuncios al que nos vemos sometidos en cualquier situación cotidiana?

Es posible reaccionar de forma pasiva. «Lo que hay que hacer es ignorar los anuncios» es quizá una de las ideas que más he oído y leído. Es como opinan los que creen que los culpables somos nosotros mismos, que no ponemos las suficientes barreras para impermeabilizarnos bien contra los «lavados de cerebro» que los poderosos —léase «el capital»— nos intentan inocular, que no somos los suficientemente críticos, etc. Quizá tengan razón, pero yo creo que los mensajes proyectados por los grandes medios de comunicación, de un modo u otro, nos acaban llegando gracias a su maniobra envolvente, y los que mejor lo hacen y durante más tiempo son los del poder, pues los mass media se venden al mejor postor, como es lógico. Podemos defendernos de ellos solo hasta cierto punto, porque queremos seguir viviendo en este mundo, y es aquí donde no es posible ignorar del todo los discursos de quienes están en el poder, por lo que su acción modelizadora actúa igualmente, a un nivel tan profundo que a veces cuesta detectar incluso en nosotros mismos.

Por lo tanto, si el discurso de los anuncios no es inocente, si nos va a llegar de todos modos y si no basta con una actitud crítica, pero pasiva, ¿cómo actuar? ¿Cómo podríamos combatirlo de forma activa nosotros, los que no poseemos los medios de producción y por consiguiente, tampoco los de comunicación?

Por un lado, ha quedado claro que a nivel pasivo (individual) es responsabilidad de cada uno lo expuesto que se está —o mucho o poco, pero nunca no expuesto— al discurso del poder. Por otro lado, a nivel activo (social) yo solo encuentro una forma de combatirlo: generar discurso crítico, es decir, un discurso a la contra.

Y esto puede hacerse de dos modos:

  1. Mediante un trabajo teórico: analizando los anuncios, delatando la «acción modelizadora» de sus discursos y explicando por qué resulta peligrosa.
  2. Mediante un trabajo estético: usando las mismas herramientas ficcionales, generando respuestas artísticas con una «acción modelizadora» contraria. El mejor ejemplo, en el caso concreto de los anuncios, son las parodias.

Ambos son críticos, pero ambos son también teóricos y, a la vez, estéticos. La diferencia que hay entre estos dos modos es solo de grado: los primeros le dan mayor importancia a la teoría y los segundos a la estética.

Yo me inclino claramente por las parodias, y no solo porque sean más divertidas o porque el formato de vídeo —en el caso de los anuncios televisivos— las haga más atractivas, sino fundamentalmente porque tienen la ventaja de usar la repercusión de los mass media a su favor. Digamos que son una forma muy eficaz de encriptación anticapitalista.

Responder a la propaganda del poder no ayuda a su difusión avivando su fuego, como algunos creen, sino que lo contrarresta, pues opone una visión del mundo a otra, creando así una posibilidad de elección de ideología en el público, incluso en aquel al que «no le interesa» la política.

La gran suerte que tuvo el señor Edward Bernays —cuya obra recomiendo a los que todavía penséis que la propaganda es inocente— es que no encontró en el enemigo alguien que pudiera generar un discurso a la contra con la suficiente gracia.


lunes, 15 de octubre de 2012

Ni niño ni niña

Si estás a punto de ser madre o padre quizá te interese saber que uno de cada cien bebés vienen al mundo con una anomalía en la diferenciación sexual.

Esto lo digo porque también quizá te interese ser un padre o una madre responsable y quieras lo mejor para tu bebé, aunque el tiempo y la información que te den para encontrar ese «mejor» sean más bien escasos. Y más teniendo en cuenta que, en realidad, decidir si tu bebé es niño o niña puede llevar mucho tiempo. Incluso años. O toda la vida.
 
Las anomalías en la diferenciación sexual pueden ser de muchos tipos, aunque la mayoría de ellos suelen ser englobados en la categoría de «intersexuales». Ni hombre ni mujer. Ni niño ni niña.

Este problema no carece de importancia. Es más, se trata de un asunto grave. Si el sexo de una persona recién nacida es determinado de forma precipitada —en muchos casos siendo víctima de una irreversible, pero habitual cirugía de reasignación de sexo a muy temprana edad—, puede causar muchos problemas al adulto, que viviría un trauma que, especialmente en la adolescencia, le podría llevar incluso al suicidio.

 
Como bien dice la madre de Josie Romero, «prefiero una hija transexual que un hijo muerto». Y traigo aquí el caso de esta niña porque, aunque no parezcan la misma cosa, «existen corrientes médicas que explican la transexualidad como una intersexualidad entre el físico y la mente» (MARTÍNEZ, El eje del mal es heterosexual, p. 118).

¿Qué puedes hacer entonces? Informarte debidamente. En EE. UU. existe la Accord Alliance, una organización que ayuda a las personas y familias afectadas por trastornos de desarrollo sexual. Esta nació de la antigua Intersex Society of North America (ISNA), en cuya página todavía hoy se puede leer gratuitamente Handbook for Parents, un extenso manual en inglés para padres que quieren estar bien informados sobre estos temas.


Que yo sepa, no existe aún ninguna asociación parecida en España, pero sí abundante información en Internet en castellano. Te dejo algunos ejemplos como estos dos muy buenos artículos:
 
Intersexuales, en www.ambienteg.com


Avueltas con la intersexualidad en Héroe de Sillón

Un par de documentales tan duros como bonitos:
 

Mi aventura intersexual en La noche temática de La 2


La ciencia de los sexos en La noche temática de La 2

 

También puedes descargarte de forma gratuita y comprar El eje del mal es heterosexual. Figuraciones, movimientos y prácticas feministas queer en la página web de la editorial, Traficantes de Sueños. Y sí, he escrito «descargarte de forma gratuita y comprar», porque es posible llevar un proyecto editorial así, aunque te hayan dicho lo contrario.


miércoles, 26 de septiembre de 2012

Antisturbios

De un tiempo a esta parte tengo una fantasía que se repite cada cierto tiempo. Más concretamente me visita cuando veo en la calle o a través de una pantalla cómo un grupo de antidisturbios protegido hasta las cejas aporrea a gente sin armas ni defensa. La fantasía consiste en que entre el momento de subir y bajar las porras, los pies de los antidisturbios quedan cercenados sin explicación. Pies separados del cuerpo con un corte limpio que no ha venido de ningún filo. Simplemente ocurre, sin violencia, y mientras sus botas calzadas quedan en otro lado, inútiles, los antidisturbios caen al suelo como morcillas, salpicando un poquillo. 

Esta fantasía me proporciona placer y viene a mi mente sin que yo la convoque.

¿Es delito desear el mal ajeno?

viernes, 14 de septiembre de 2012

Va como va, Ovidi Montllor


Va como va 

A ti te cabrea mucho que yo te tenga manía.
Va como va.
A mí me cabrea mucho que vayas haciendo cría.
Va como va.
A ti te han dicho «precioso», a mí me han dicho: «tú calla».
Va como va.
Y yo no quiero callar mientras tú tienes las riendas.
Va como va.
A ti te han dibujado y yo rompo la pluma.
Va como va.
A mí me han hecho lleno de odio, a ti te han hecho de goma.
Va como va.
A ti te han dado la herencia, a mí me han dado la vida.
Va como va.
A mí me toca luchar, a ti tomar la medida.
Va como va.
Si yo no tengo para mí, si tú no tienes nunca suficiente.
Va como va.
Y eres tú quien recibes de mí, yo de ti cobro un sueldo.
Va como va.
Si yo ya me he cansado de ir viviendo diciendo 

¡eh! va como va,
piensa que sólo diré hasta que más no podré:
va como quiero, como queremos.

(La traducción es mía, así que perdonad los errores…) 

lunes, 10 de septiembre de 2012

Deconstrucción contra los totalitarismos

La metafísica.

Para los que no estéis familiarizados con la deconstrucción, voy a realizar un pequeño resumen —y que Derrida me perdone—. Los que ya sabéis de qué va esto pasad al siguiente punto, que no quiero aburrir a nadie.

Lo que denuncia esta estrategia —mejor que «teoría», como se verá— es el modo en que la mente occidental comprende el mundo. Desde el principio de los tiempos —o, al menos, desde Sócrates— Occidente ha establecido la base de su pensamiento en una serie de oposiciones binarias jerarquizadas para poder estructurar y fijar cualquier realidad. Este conjunto de oposiciones suele recibir el nombre de metafísica, y en torno a ella se han cometido grandes barbaridades.

¿Qué significa «oposición binaria jerarquizada»? Bien, vayamos por partes. Dos términos opuestos como todo/nada o arriba/abajo son oposiciones binarias. Cuando usamos la palabra jerarquizada, queremos decir que a uno de los polos se le da más importancia que al otro.

Permitidme que ejemplifique de manera burda el funcionamiento de esta metafísica.

Si damos por sentado que el mundo se divide en bien o mal y las personas pueden ser hombres o mujeres, ¿cuál es la relación necesaria que se da entre estas posibilidades? Está claro: el hombre está del lado del bien y la mujer del contrario —es fundamental que os deis cuenta de que en una oposición siempre hay un término que sale ganando—. Si no os creéis esta asociación arbitraria, daos cuenta de que así viene reflejado en la mayoría de textos fundacionales del pensamiento occidental y, sobre todo, en el más importante de ellos: La Biblia.

Dadas las siguientes oposiciones: bien/mal – hombre/mujer; estas se relacionan tradicionalmente del siguiente modo: bien-hombre y mal-mujer.

Pero el problema es mucho más complejo. Si existe el día y existe la noche, ¿cuál de los dos guarda una equivalencia con el bien y, por ende, con el hombre? Ya sabéis, ¿no? El sol, la luz, la claridad, la verdad, etc. siempre caen del lado del hombre. Y así en todos los casos y hasta el infinito, creando una red que condiciona cualquier pensamiento y sistematiza el mundo.

Os suena absurdo, ¿verdad? Lo es. ¿Es que hemos fundamentado nuestra cultura en torno a relaciones arbitrarias? Para mí es evidente. Que salta a la vista, vamos.

Lo malo del caso es que nuestra mente, lo queramos o no, funciona con estas relaciones lógicas, aunque no necesariamente verdaderas. O sea, una cagada que no podemos dejar de repetir. Aunque…

Estrategia antitotalitaria.

Tuve la suerte de que Manuel Asensi, profesor de Teoría de la literatura en Valencia, me hiciera ver en su día que la deconstrucción, lejos de ser una teoría, es una estrategia, como afirmaba el mismo Derrida. Asensi nos lo explicó del siguiente modo: la práctica deconstructiva consiste en una estrategia sin finalidad y sin método que persigue un grado de indecidibilidad que ponga en cuestión las oposiciones binarias jerarquizadas. Esto la convertía —sin ser ello una característica esencial suya— en una máquina contra cualquier tipo de dogma, provenga de donde provenga.

A continuación os indico tres de las formas más simples de atacar estas oposiciones. Por seguir con el ejemplo anterior, partiré otra vez de la oposición hombre/mujer.

Cambiando el orden jerárquico:

hombre(+)/mujer(-) por mujer(+)/hombre(-); como hace el feminismo de la diferencia, ensalzando las virtudes del género femenino y denunciando los defectos del masculino.

Creando una equivalencia:

hombre = mujer; como hace el feminismo de la igualdad, situando ambos términos dentro de uno.

Creando estados intermedios:

hombre -(homosexual-bisexual-intersexual…)- mujer; como hace la teoría queer, debilitando la solidez de la oposición añadiendo algo en medio que participa a la vez de ambos términos.

Si esta estrategia se pone en marcha con la suficiente vehemencia, ¿cómo podría defenderse de ella la supuesta superioridad de una raza, sexo, religión o ideología? Cualquier totalitarismo se basa en un sistema de dogmas inquebrantables que inclinan la verdad hacia un lado de las oposiciones. Si atacamos ese sistema, empezamos a destruir el totalitarismo.

El indecidible.

Esta estrategia, por su naturaleza, solo puede usarse dentro de la esfera del discurso. Por eso en literatura es relativamente fácil encontrarla y, de hecho, el mismo Derrida acude a un ejemplo literario para explicarla en un capítulo del volumen tercero del Tableau de la littétature française que se llama, precisamente, Mallarmé.

«Cualquier texto de Mallarmé está organizado de modo que en sus puntos más fuertes el sentido permanezca indecidible; a partir de ahí. el significante no se deja penetrar, perdura, resiste, existe y se hace notar. El trabajo de la escritura ha dejado de ser un éter transparente. Apela a nuestra memoria, nos obliga, al no poder rebasarlo con un simple gesto en dirección de lo que “quiere decir”, a quedarnos bruscamente paralizados ante él o a trabajar con él. (…) Sucede con mucha frecuencia que Mallarmé coloca el nombre or tras el adjetivo posesivo son (son or). Pero son or (su oro) suena igual que sonore (sonoro), con lo que nos hace dudar entre la forma del adjetivo calificativo y las del nombre precedido del adjetivo posesivo; y, aún más, nos hace dudar del valor de son (su) y son (sonido) adjetivo posesivo y substantivo: son or (su oro, el suyo), le son or (el sonido oro, sonido color oro, que tal es el color fundamental de la música y de las puestas de sol para Mallarmé), el son or (la vacuidad del significante fónico o gráfico “or”)».
«Mallarmé» en Tableau de la littétature française, vol, III, París, Gallimard. 1974, pp. 368-379. Traducción al español de Francisco Torres Monreal en «Antología», Anthropos, Revista de documentación Científica de la Cultura (Barcelona), Suplementos, 13 (1989), pp. 59-69. Yo lo he sacado de la edición digital de Derrida en castellano.

Otro ejemplo literario que podría venirnos bien y que nos queda más a mano —por lo menos a mí, que tengo el libro en mi estantería— es un terceto de Quevedo, de su soneto A Apolo persiguiendo a Dafne:

«Volvióse en bolsa Júpiter severo;
levantóse las faldas la doncella
por recogerle en lluvia de dinero.»

Con estos versos Quevedo no deja claras las razones por las que levanta «las faldas la doncella». Ahora me diréis que soy un ingenuo, que es evidente por qué lo hace. Pero donde yo quiero ir es un poco más lejos. El poeta está diciendo dos cosas a la vez:

  1. Que la doncella no despreciaba el dinero (porque lo recoge con sus faldas).
  2. Que la doncella se prestaba al sexo (porque levanta sus faldas).

El primer nivel es el explícito y el segundo es el implícito, donde vive la ironía. Lo que me parece más importante es el hecho de que no importe cuál de los dos niveles es más importante, sino que los dos son relevantes porque la gracia está en que existan al mismo tiempo.

Por si alguien todavía no lo tiene claro, usaré el Cubo de Necker como último recurso:

Nadie puede saber cuál de las líneas que se cruzan está en frente y cuál detrás. Esto es así porque este cubo es ambiguo, ya que puede interpretarse de dos maneras distintas.

Pero lo que me interesa de este ejemplo no es su ambigüedad, sino la imposibilidad de decidir que ella genera, porque a la pregunta «¿cuál de las dos interpretaciones posibles es la verdadera?» no hay respuesta. Sencillamente eso. No hay respuesta.

Si conseguimos convertir cualquier dogma en un Cubo de Necker, imposibilitamos el totalitarismo.